
Armored Warfare es un juego de video táctico militar multijugador en línea de gran escala que te pone al mando de algunas de las máquinas destructivas más increíbles y modernas que han aparecido en un campo de batalla. Conduce tanques modernos, vehículos blindados y mucho más. HARDWARE MILITAR MODERNO Usa gigantes de acero para barrer al enemigo de la faz de la tierra. Opera las herramientas más poderosas de destrucción inventadas por la humanidad: tanques y artillería bien armados. En Armored Warfare podrás conducir y luchar en los vehículos blindados más poderosos de docenas de países de todo el mundo. UNIRSE A MISIÓN COOPERATIVA Junta fuerzas con amigos para llevar a cabo las misiones más difíciles que te envíe el mando. Estas misiones variarán dependiendo del vehículo seleccionado. ¡Solo los equipos bien coordinados podrán superar al enemigo! Las fuerzas enemigas superiores, controladas por inteligencia artificial, presentarán un obstáculo serio para la victoria. GRÁFICOS MODERNOS Armored Warfare utiliza la tecnología CryENGINE 3, la cual garantiza una inmersión completa en el juego. Observa el brillo en la mira, la salpicadura de los obstáculos acuáticos, las gotas de lluvia que ocultan al enemigo, los escombros humeantes y otros obstáculos. ¡Entra en un mundo virtual que en nada se queda atrás frente a la realidad! BATALLAS A GRAN ESCALA Enfrenta desafiantes combates multijugador rápidos. Colabora con tus aliados y ejecuta tácticas y maniobras inteligentes para salir victorioso de la batalla y dejar a tus enemigos aplastados bajo tus orugas. Armored Warfare es fácil de aprender, pero difícil de dominar. CAMPO DE BATALLA MODERNO Lucha en puntos calientes de todo el mundo, desde tundras heladas hasta desiertos abrasadores por el sol. Combate en lugares que podrían convertirse en focos de conflicto militar moderno, como refinerías de petróleo, instalaciones portuarias y centros de población. Lleva la lucha al siglo XXI.
A principios del siglo XXI, pocos podrían imaginar la conflagración desatada por una miríada de puntos calientes locales que abarcaban cada rincón del mundo. Europa fue abrumada por refugiados, decenas de millones huyendo de conflictos alimentados por el resentimiento, la codicia y años de crisis y estancamiento económico que comenzaron en las regiones menos estables y se extendieron inexorablemente. El colapso económico final y completo de Grecia desencadenó una reacción en cadena que lanzó a Europa al caos. Bulgaria fue la más afectada, ya que las bancas griegas propiedad de bulgaros colapsaron junto con Grecia. Toda la región fue barrida por una vorágine de caos, arruinando vidas incontables y destruyendo cualquier semblanza de un statu quo, pero brindando oportunidades para quienes tuvieran la suficiente desvergüenza como para aprovechar la situación. Los restos de la Unión Europea quedaron paralizados por la creciente brecha entre los gobiernos y sus pueblos, y las violentas protestas antiguvernamentales se convirtieron en algo común, dando lugar a numerosos movimientos anarquistas. Los depósitos de armas de los gobiernos en decadencia de los países en vías de desarrollo se convirtieron en los arsenales de las insurgencias. En el Medio Oriente, la crisis siria se derramó en toda la región, destruyendo Siria en múltiples regiones en guerra, con milicias kurdas intentando tallar sus propios territorios del caos, chocado con frecuencia con fuerzas turcas en un conflicto que rápidamente se convirtió en una guerra civil completa. Mientras Europa se recuperaba de estos golpes, el nuevo presidente estadounidense decidió volverse hacia el aislacionismo, trayendo de vuelta a la mayoría de las tropas que servían en el extranjero, temiendo que “otro Irak” sucediera si los soldados estadounidenses se involucraban más en Oriente Medio. Esto fue respaldado por nuevas tecnologías que permitieron a Estados Unidos ser autosuficiente en energía. La nueva estrategia estadounidense de brindar apoyo militar a países aliados dependió en gran medida del uso de empresas militares privadas respaldadas por Estados Unidos, como se demostró en la Guerra de la Cumbre de 2018 entre Israel y sus vecinos. Esta estrategia tuvo repercusiones importantes, llevando a la pérdida de influencia directa en muchas partes del mundo, especialmente en Sudamérica. Esto a su vez llevó al surgimiento de la Alianza de Sangre, un cárteles transnacionales de drogas que gradualmente ganó el control directo de gran parte de México y Centroamérica. El cárteles financió a guerrilleros en toda Sudamérica, iniciando múltiples guerras civiles y obteniendo enormes beneficios del caos. Los gobiernos sudamericanos eran impotentes para detener esta organización criminal bien financiada sin ayuda, y la anarquía al sur de la frontera estadounidense dio lugar a muchas milicias nacionalistas estadounidenses que gradualmente ganaron influencia a lo largo del sur. La mayor superpotencia de Asia, China, entró en la segunda mitad de la década de 2010 con una serie de crisis económicas causadas por fluctuaciones monetarias, escasez de petróleo y tendencias separatistas aumentadas en varias de sus regiones. China implementó políticas que rozaban la ley marcial, con duras represiones y métodos brutales de control, y logró mantener la situación bajo control, pero apenas. En Europa, la OTAN, ahora en declive, fue puesta a prueba por primera vez en años cuando aparecieron guerrilleros nacionalistas en Estonia. Toda la región báltica se hundió en el conflicto y la crónicamente subfinanciada OTAN fue solicitada para responder. Debido a la falta de recursos, la falta de apoyo estadounidense y el temor de iniciar otra guerra mundial, se vetó la respuesta armada y, para todos los efectos prácticos, la OTAN dejó de existir como una estructura efectiva para 2020. Las tensiones globales también impulsaron la violencia en la frontera entre India y Pakistán. En medio del caos, cinco ojivas nucleares fueron robadas del complejo pakistaní de Khushab y una de ellas fue detonada en la ciudad india de Hyderabad, causando la muerte de millones y pérdidas económicas abrumadoras. El mundo contuvo la respiración, esperando que alguien se presentara y anunciara que era responsable del ataque. Este anuncio nunca llegó, y la violencia inexplicable y sin sentido de este crimen atroz sirvió como la llamada final para que las naciones actuasen. Debilitadas por la insurgencia y la lucha interna, las potencias mundiales – China, la Unión Europea, Rusia y los Estados Unidos – se unieron para discutir cómo combatir las nuevas amenazas transnacionales. Después de negociaciones extensas, se firmó un tratado que cambiaría el mundo para siempre. El tratado establecía que los asuntos internos de todos los países participantes en las conversaciones serían dejados a cargo de sus propios ejércitos, pero las amenazas mayores a toda una región o continente serían manejadas por un nuevo cuerpo internacional independiente: el Departamento de Seguridad Internacional. El DSI utilizaría Empresas Militares Privadas, formadas libremente según el principio de extraterritorialidad. El DSI dictaría las operaciones de las EMP, pero a cambio las apoyaría tanto logísticamente como políticamente. Cada EMP se establecería con sus propias reglas (desde grupos desorganizados de mercenarios hasta ejércitos privados equipados con armamento moderno) pero todas tendrían que adherirse al código del DSI, de lo contrario serían marcadas como renegadas y perseguidas (de hecho por otras EMP). El tamaño de las EMP podría variar desde pequeños grupos de mercenarios hasta brigadas o divisiones completas y su equipamiento era tan variado – desde vehículos anticuados incluso para los ejércitos de tercer mundo hasta máquinas de vanguardia, compradas de aquellos traficantes de armas aprobados por el DSI. Para estos traficantes, el contrato con el DSI era muy beneficioso: por su promesa de no suministrar a nadie considerado enemigo del DSI, las autoridades tendían a mirar hacia otro lado cuando se trataba de los métodos que los traficantes usaban al “adquirir” su stock. Los traficantes más exitosos firmaron contratos exclusivos con las fuerzas privadas más grandes, convirtiéndolos en algunas de las personas más ricas del planeta. Desafortunadamente, este sistema trajo consigo sus propios problemas. Casos de unidades mercenarias que actuaban por su cuenta o que cambiaban de bando no eran inusuales, y durante años tomó la fuerza combinada del DSI y los leales para aplastar completamente a tales rebeldes y hacer ejemplos de ellos. Sin embargo, el sistema ha demostrado ser eficaz y para principios de los años 30 del siglo XXI, las EMP ya eran la fuerza dominante y, en la práctica, la única capaz de abordar crisis mayores en regiones disputadas. A medida que nos acercamos a la mitad del siglo XXI, ya no queda duda, el mundo está en llamas. La fuerza combinada de las EMP leales es ahora la única esperanza de que la Tierra no regrese a otra edad oscura. Si serán exitosas, aún queda por verse...
| PC | 8 de octubre de 2015 |
| PS4 | 20 de febrero de 2018 |
| XONE | 2 de agosto de 2018 |

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