

Es el ochocientos veintiuno aniversario de la ciudad de Roma, un año de malos augurios y malestar. El emperador es sanguinario y observa con atención a cualquiera que intente derrocarlo. La distribución de grano está agotándose y el pueblo sufre hambre. Los romanos comienzan a depositar su fe en cultos extranjeros, ya que sus antiguos dioses parecen indiferentes. En este ambiente peligroso, Marcus se preocupa por dos cosas: su poesía y mantener contento a su patrón Artus. Pero cuando Artus lo envía a hacerle una pregunta secreta a un oráculo, Marcus se ve obligado a involucrarse en conspiraciones, política y una mujer que intenta olvidar.